Ya mismo son dos meses desde que estoy en esta ciudad, y sigo pensando que no ha pasado más de un par de semanas. Me temo que el tiempo seguirá pasando igual de rápido en los próximos meses, siempre que me ocupe y entretenga en algo.

El sábado por la noche salí con varios voluntarios a una discoteca en el centro de la ciudad. El objetivo inicial era celebrar el cumpleaños de una de nuestras amigas alemanas, Paula, quien, para mala suerte, estaba muy enferma esa noche. Lógicamente no se nos hubiera ocurrido jamás desperdiciar esa noche, sobretodo por aquellos que vinieron desde muy lejos para poder vernos.

Si pensaron que las leyes sobre la hora en que la farra termina en nuestro país eran severas, mejor cambien de opinión, pues aquí, no hay discoteca que abra después de las 11 y 30!!... pues sí, el choque cultural continúa...

El after party (claro, teníamos que continuar) tuvo lugar en el apartemento de una de las voluntarias, pero debido a los vecinos, tuvimos que contentarnos con sentarnos en la sala, conversar y tomar algo por un rato, hasta que empezábamos a cabecear del sueño.

Horas antes de llegar a este apartamento, paramos un momento para observar cómo los locales festajaban a Ganesha, (el dios hindú con cabeza de elefante y cuerpo de humano) a dos semanas de haber comenzado el festival, el cual está centrado completamente en esta deidad.

Yo, junto con Hanna y Philipp, gracias a la amabilidad y camaradería de los indios, pudimos ver desde un muy buen lugar, cómo la gente disfrutaba eufóricamente lanzando enormes estatuas de Ganesha al lago y gritando frases incomprensibles mientras éstas se hundían en las contaminadas aguas. Éste acto, junto con diferentes ofrendas y bailes a lo largo de estas semanas, es básicamente de lo que trata este típico y famoso festival del hinduísmo, el cual al fin pude presenciar.

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Esta semana fui a cortarme el pelo al fin, y entre lo poco que nos entendíamos el peluquero y yo, la tosquedad con la que éste hombre movía mi cabeza y mis orejas, y la sorpresiva (y extremada) delicadeza con la que manejaba la navaja para rasurar las patillas, puedo decir que tuve unas buenas carcajadas  pensando al respecto de regreso a mi dormitorio.

Visité además a dos amigos voluntarios en su proyecto ayer, lunes. Raphael y Milan, quienes trabajan en Lovedale Foundation a las afueras de la ciudad, en un pueblito llamado Anagalapura, me recibieron cálidamente en su apartamento. Decidí visitarles, pues aparte de que los lunes son mis días libres; hoy, martes 2 de octubre, se celebra el natalicio de Mahatma Gandhi, y en esta fundación se realizaría un pequeño programa al que desgraciadamente no se me permitió quedar. Sin embargo, pude ver cómo es un día en la vida de un voluntario en Lovedale, en este algo alejado y muy pacífico poblado.

Aunque la gente no celebra este día como lo hace con Ganesha, quisiera en esta publicación desear un FELIZ CUMPLEAÑOS A MAHATMA GANDHI!

Heifer Ecuador

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