Cada día me gusta más ir a mi proyecto a trabajar. Estoy mucho más adaptada y tengo colegas con los que me entiendo muy bien. Al principio, cuando llegué a Brasil, iba a trabajar porque sentía que era una obligación, pero ahora es todo lo contrario. Me encanta ir al proyecto y que al llegar ahí todos me saluden con una sonrisa en sus caras y que los niños me saluden diciendo: "Oi, sora!" y me den un gran abrazo.

Tengo dos colegas con los que me entiendo súper (Lenise y Helder) y siempre me incluyen en todas las actividades que hacen. Me río y hablo de todo con ellos. Nunca faltan las risas.

Principalmente ayudo a los profesores a oraganizar las aulas y hacer actividades con los niños. Casi siempre estoy en la clase con Lenise. Son clases de arte, entonces los niños dibujan y hacen manualidades. A veces, es difícil trabajar con ellos, ya que muchas veces están demasiado agitados y gritan sin parar.

Me encanta ir al proyecto y que al llegar ahí todos me saluden con una sonrisa en sus caras y que los niños me saluden diciendo: "Oi, sora!" y me den un gran abrazo.

También pelean mucho los unos con los otros y tienen poca disciplina. Pero hay que entender que son niños pobres, la mayoría con problemas en las familias. Ahora tengo una relación más cercana con el personal,  los niños y adolecentes, y, además, mi portugués está mucho mejor. Es por eso que ahora los niños siempre vienen a abrazarme y puedo tener conversaciones con ellos. Hace unos días, una niña que se llama Kathleen me invitó para ir a su casa. Conosco a algunos de sus hermanos, que también asisten al proyecto (ACM).

Me contaron que en total son como 8 hermanos. Los mayores están metidos en las drogas y la mamá de ellos está sufriendo de sida. Además, viven en una casa que solamente tiene 2 habitaciones para toda la familia. Bueno, próxima semana iré con Kathleen para visitar el lugar en el que ella vive y conocer la familia.

Heifer Ecuador

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